La suspensión temporal de las exportaciones de ganado por Agua Prieta, Sonora encendió una alerta importante para la ganadería mexicana. El 16 de octubre se detectaron lesiones en la boca de un becerro durante una inspección sanitaria. Ese hallazgo obligó a detener el cruce hacia Estados Unidos mientras se determinaba si podía tratarse de fiebre aftosa, una enfermedad exótica de alta importancia sanitaria para México. La decisión fue preventiva y respondió al protocolo que se activa cuando aparecen signos compatibles con enfermedades vesiculares.
El punto clave es que la sospecha de fiebre aftosa fue descartada. Las muestras analizadas en el laboratorio de alta seguridad de Palo Alto confirmaron estomatitis papular bovina en el animal inspeccionado. Los resultados estuvieron disponibles en menos de 24 horas. Con ello también se descartó la presencia de una enfermedad exótica de alto impacto para el sector pecuario. La exportación de ganado por Agua Prieta quedó programada para reanudarse el martes 20 de octubre.
La diferencia entre ambas enfermedades es clave para entender por qué primero se frenaron los embarques y después se anunció la reapertura. Las lesiones observadas podían confundirse con las de otras enfermedades vesiculares. Eso hace imposible resolver el caso solo mediante una revisión visual. La estomatitis papular bovina tiene distribución mundial y no representa un riesgo mayor para la salud animal. La fiebre aftosa, en cambio, habría significado un problema sanitario mucho más serio y habría obligado a mantener medidas de contención más amplias. México se mantiene libre de fiebre aftosa desde 1954.
Lo ocurrido también muestra por qué una sola sospecha puede detener temporalmente una operación comercial. En mercados ganaderos de exportación, la sanidad no funciona solo como una condición técnica. También funciona como requisito de acceso. Cuando existe una señal compatible con una enfermedad cuarentenaria, continuar los movimientos antes de tener un diagnóstico podría aumentar el riesgo sanitario y comercial. Por eso la suspensión no significó que existiera un brote confirmado. Significó que no había información suficiente para descartarlo.
Eso sí, para productores, acopiadores y transportistas, incluso una pausa corta genera efectos operativos. Los animales deben permanecer bajo manejo, los embarques pueden requerir ajustes y los calendarios de entrega se desplazan. En este caso, la afectación se concentró en el cruce de Agua Prieta y la interrupción fue breve. Las autoridades estatales señalaron que las operaciones podrían regresar a un flujo de alrededor de 1,300 cabezas diarias, nivel que ya se había alcanzado antes de la suspensión.
El hecho confirmado es que no hubo fiebre aftosa en el becerro analizado y que el diagnóstico fue estomatitis papular bovina. La inferencia razonable es que la rapidez del diagnóstico redujo el impacto comercial de la alerta y permitió limitar la suspensión. Lo que no puede afirmarse es que estos episodios dejen de ocurrir. Mientras existan inspecciones y vigilancia activa, seguirán apareciendo lesiones sospechosas que deberán analizarse. En este caso, el sistema funcionó como debía funcionar, primero conteniendo el riesgo y después liberando la operación cuando hubo evidencia suficiente.
Fuentes: El Financiero y Agricultura




