Lo que los unicornios del agro dicen sobre el sector
Curso Productividad con IA

Lo que los unicornios del agro dicen sobre el sector

El problema que revelan los unicornios del agro no es que existan pocos; el problema es que la producción agrícola, por sí sola, tiene enormes dificultades para generar el tipo de crecimiento que premia el capital de riesgo. Producir más casi siempre exige sembrar más, criar más animales, usar más agua, comprar más insumos, contratar más personas o construir más infraestructura. En otras palabras, aumentar los ingresos suele exigir también aumentar los activos y los costos.

Esa fricción explica por qué el agro parece fuera de lugar cuando se compara con sectores donde nacen unicornios con frecuencia. CB Insights define como unicornio a una empresa privada valuada en más de 1,000 millones de dólares y registra más de 1,400 compañías dentro de esa categoría en todo el mundo. El agro sí tiene representantes, así que la idea de que no existen unicornios agrícolas es incorrecta. Lo relevante es observar quiénes lograron llegar ahí y, sobre todo, cómo lo hicieron.

Halter ofrece una primera pista. La empresa de Nueva Zelanda alcanzó una valuación de 2,000 millones de dólares en marzo de 2026 después de levantar 220 millones. Su negocio se apoya en collares inteligentes, cercas virtuales y una plataforma para manejar ganado. La compañía reportó más de 2,000 productores usuarios en Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos, además de un millón de collares vendidos. Halter participa directamente en el agro, pero no necesita comprar un rancho adicional cada vez que quiere crecer. Vende una tecnología que puede replicarse en ranchos que ya existen.

Inari muestra otra ruta. La empresa desarrolla tecnología para semillas y en enero de 2025 levantó 144 millones de dólares con una valuación de 2,170 millones. Su propuesta combina herramientas de edición genética y diseño predictivo para cultivos como maíz, soya y trigo. Otra vez aparece el mismo patrón. El valor no proviene de producir millones de toneladas de grano, sino de desarrollar conocimiento y propiedad intelectual que después pueden incorporarse a una gran superficie agrícola.

Farmers Business Network ofrece un tercer ejemplo. En 2021 alcanzó una valuación de 3,900 millones de dólares. Su crecimiento se construyó alrededor de una red para productores que integró datos, comercialización, insumos y servicios financieros. Distinto producto, misma lógica. En lugar de competir por producir más cultivos, buscó crear una capa de servicios que pudiera atender a muchos productores.

Los tres casos dicen algo importante sobre el sector. En agricultura, la escalabilidad aparece con mayor facilidad alrededor de la producción que dentro de la producción. El dato, la genética, el software, la automatización, los servicios financieros y la propiedad intelectual pueden multiplicarse sin aumentar tierra, agua y mano de obra en la misma proporción. Una hectárea adicional siempre exige recursos físicos. Una licencia, un algoritmo o una innovación genética puede llegar a otra hectárea con una estructura económica distinta.

Eso no significa que producir alimentos sea un mal negocio. Existen empresas agrícolas enormes y rentables en todo el mundo. También conviene recordar que la palabra unicornio describe una valuación privada, no la calidad de una empresa ni su capacidad para generar utilidades. El concepto nació dentro del mundo del capital de riesgo y, por diseño, favorece modelos que pueden crecer muy rápido. Medir al agro con esa vara puede llevar a conclusiones equivocadas.

De hecho, algunos intentos por forzar la lógica del unicornio sobre la producción agrícola terminaron mostrando los límites del modelo. Bowery Farming, dedicada a agricultura vertical, llegó a superar una valuación de 2,000 millones de dólares y cerró operaciones en 2024. Plenty, otro referente de agricultura vertical, había alcanzado una valuación cercana a 1,900 millones y entró en bancarrota en 2025 antes de reorganizarse.

Estos casos son especialmente útiles porque parecían resolver el problema de escalabilidad mediante tecnología. Sin embargo, cultivar dentro de instalaciones controladas seguía requiriendo edificios, energía, equipos, personal y capital. La tecnología podía mejorar la operación, pero no eliminaba la economía física del cultivo. Una gran valuación no consiguió convertir automáticamente una actividad intensiva en activos en un negocio ligero en capital.

Aquí aparece otra lección. En el agro no basta con que una tecnología sea novedosa. Tiene que producir un beneficio económico claro para alguien que opera con márgenes estrechos y riesgos difíciles de controlar. McKinsey encontró que, entre agricultores de Norteamérica, 52% señalaba el costo como una barrera para adoptar sistemas de gestión agrícola y 40% mencionaba un retorno de inversión poco claro. A nivel global, 50% no estaba dispuesto a pagar por ese tipo de soluciones. El productor puede admirar la innovación y aun así no comprarla.

La estructura del mercado complica todavía más el crecimiento. La FAO estima que existen más de 608 millones de explotaciones agrícolas en el mundo y que 84% tiene menos de 2 hectáreas. Vender una solución a una base tan fragmentada exige distribución, soporte, adaptación y confianza. Al mismo tiempo, el 1% de las explotaciones más grandes opera más de 70% de la superficie agrícola. El mercado es masivo, pero no es homogéneo. Una empresa puede tener una enorme oportunidad y, al mismo tiempo, enfrentar altos costos para llegar a ella.

La inversión reciente confirma que los inversionistas se volvieron más exigentes. El financiamiento mundial para tecnología agroalimentaria llegó a cerca de 51,000 millones de dólares en 2021. En 2024 cayó a 16,000 millones y en 2025 se mantuvo alrededor de 16,200 millones. El dinero no desapareció, pero la época en la que una gran narrativa podía justificar crecimiento a cualquier costo perdió fuerza.

Esto ayuda a entender por qué los unicornios agrícolas más interesantes no son necesariamente los que prometen reinventar la agricultura desde cero. Son los que resuelven una fricción muy concreta y pueden demostrar que esa solución funciona en miles de operaciones. Ahorrar mano de obra, reducir insumos, mejorar genética, automatizar decisiones o facilitar transacciones tiene más posibilidades de escalar cuando el beneficio es visible para el productor.

Los unicornios del agro no demuestran que la agricultura deba convertirse en tecnología para ser valiosa. Demuestran algo más preciso: el sector crea mucho valor económico, pero capturarlo a gran velocidad es difícil cuando cada peso adicional de ingreso depende de más activos físicos.

Por eso la lección no está en perseguir valuaciones de 1,000 millones de dólares. Está en observar dónde aparecen. Hasta ahora, los casos más sólidos apuntan hacia empresas capaces de separar una parte del crecimiento de la tierra, el agua y la infraestructura. El agro seguirá necesitando quien produzca, pero las compañías que más rápido multipliquen su valor probablemente serán aquellas que permitan que millones de productores hagan más con los activos que ya tienen.

,
Foto de Olmo Axayacatl

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Capacitación en habilidades humanas para profesionales agrícolas.

Más información en mi web personal

El noticiero del agro

Lo que sucede en el agro, en 90 segundos o menos. En WhatsApp, YouTube, Facebook, TikTok, Instagram o LinkedIn.