Países Bajos está probando una idea que hace pocos años habría parecido extraña: cultivar arroz en terrenos agrícolas donde durante siglos predominó la ganadería. El ensayo no busca solo producir un cereal nuevo. Su objetivo es comprobar si una agricultura adaptada a suelos húmedos puede reducir el hundimiento de las turberas y mantener la actividad productiva en zonas que hoy dependen del drenaje.
El proyecto piloto ocupa 0.6 hectáreas y prueba cerca de 30 variedades procedentes de países como Japón, China, Rusia y Uzbekistán. Los responsables esperan obtener alrededor de 3 toneladas de arroz de grano corto. Hasta ahora, una variedad del norte de Japón parece responder mejor a las condiciones neerlandesas. Esto muestra que la adaptación varietal puede ser tan relevante como el cambio de cultivo.
El problema de fondo está bajo el suelo. La turba se forma con restos vegetales acumulados durante largos periodos en ambientes húmedos y con poco oxígeno. Cuando estos terrenos se drenan para usarlos en agricultura, el nivel del agua baja y la turba comienza a oxidarse y degradarse. Ese proceso libera gases de efecto invernadero y hace que el terreno pierda volumen y se hunda. Desde la Universidad de Wageningen señala que este fenómeno continúa en las zonas agrícolas de turba de los Países Bajos.
La propuesta consiste en invertir esa lógica. En vez de mantener seco el terreno para sostener pastizales, se eleva el nivel del agua y se prueban cultivos capaces de crecer en condiciones húmedas. Este enfoque se conoce como paludicultura. Un estudio publicado en Agricultural Water Management estimó que alrededor de una cuarta parte de los Países Bajos tiene potencial hidrológico para este tipo de producción. El mismo trabajo encontró que el arroz y otros cultivos pueden alcanzar una aptitud al menos moderada en algunas regiones cuando aumenta el nivel del agua.
El calentamiento también abre una ventana. El estudio encontró pocos cambios medios para la mayoría de los cultivos evaluados bajo escenarios futuros, aunque algunos cultivos asiáticos podrían beneficiarse del aumento de temperatura. Esto respalda que el arroz puede volverse más viable en ciertas zonas neerlandesas conforme cambien las condiciones térmicas. No significa que el cambio climático convierta automáticamente al país en una nueva región arrocera.
También existe un límite que todavía no puede ignorarse. Mantener la turba húmeda reduce su degradación, pero los arrozales pueden emitir metano. Por eso los investigadores están midiendo el balance de gases de efecto invernadero, el uso de agua y el rendimiento antes de concluir si el sistema es ambiental y económicamente mejor que el pastizal drenado.
Para los productores, el cambio no consiste solo en elegir otra semilla. Implica modificar el manejo del agua, adaptar la producción y encontrar un mercado. El interés mostrado por restaurantes locales apunta a un posible nicho de valor, aunque todavía no demuestra que exista demanda suficiente para sostener una expansión comercial.
Lo comprobado es que el arroz puede cultivarse en estos ensayos y que mantener húmedas las turberas actúa sobre una causa directa del hundimiento. La inferencia es que podría ofrecer una alternativa productiva en algunas zonas. La hipótesis pendiente es mucho mayor: que pueda sustituir parte de la ganadería y convertirse en un modelo rentable y escalable para el norte de Europa. Ese resultado todavía necesita más evidencia.
Fuentes: Euronews, Wageningen University and Research y Agricultural Water Management




