El virus rugoso del tomate vuelve a poner sobre la mesa una decisión delicada para los productores. La protección cruzada busca introducir de forma intencional una variante leve de un virus para limitar el daño causado por otras variantes. La estrategia funciona con algunos patógenos vegetales, pero su aplicación frente al ToBRFV está generando preocupación porque aumenta deliberadamente la presencia del virus dentro del cultivo.
La alerta surge de nuevos análisis genéticos difundidos por la autoridad fitosanitaria de Países Bajos. Su sistema de seguimiento reúne 455 genomas casi completos de ToBRFV procedentes de 32 países. Entre los hallazgos aparecen cambios genéticos en virus detectados dentro de un cultivo de tomate con alta resistencia, donde también se observaron síntomas y había antecedentes de una elevada presencia del patógeno.
Uno de los datos más relevantes corresponde al subclado 7AB. Esta variante fue detectada en 34 de 36 empresas tomateras neerlandesas analizadas durante 2023 y 2024, equivalente al 94%. También pertenece a un grupo genético que previamente se relacionó con el uso de ToBRFV para protección cruzada.
Eso no significa que la protección cruzada haya causado su expansión. La propia autoridad neerlandesa aclara que la presencia de 7AB en esas empresas no demuestra que la técnica haya sido utilizada en todas ellas. El virus también puede haberse dispersado de manera involuntaria entre explotaciones. Tampoco existe todavía evidencia suficiente para afirmar que las mutaciones observadas hayan roto la resistencia de las variedades comerciales.
El punto central está en el riesgo que genera una presión vírica alta. Cuando existen grandes cantidades de virus dentro de un cultivo aumentan las oportunidades de replicación y, con ellas, las posibilidades de que aparezcan cambios genéticos. Si esa presión ocurre además en variedades resistentes, algunas variantes capaces de desenvolverse mejor bajo esa resistencia podrían obtener una ventaja. Esto es una inferencia biológica razonable, no una confirmación de que ya exista una nueva variante capaz de superar comercialmente la resistencia.
Por eso la discusión no consiste en decidir si la protección cruzada funciona en general. Existen antecedentes exitosos con otros virus como PepMV, utilizado durante años en tomate. El problema es trasladar esa lógica de forma automática al ToBRFV. Estudios previos ya han señalado que las interacciones entre virus en tomate pueden modificar síntomas y acumulación viral, por lo que cada sistema necesita validación propia.
Para un productor, la consecuencia práctica es clara. Una variedad resistente reduce el riesgo, pero no convierte al cultivo en inmune. La estrategia sigue dependiendo de evitar nuevas introducciones, mantener una higiene estricta y reducir al máximo la circulación del virus dentro del invernadero.
Por ahora, utilizar deliberadamente ToBRFV como herramienta de protección no está autorizado en Países Bajos. Los datos disponibles justifican precaución, pero todavía no prueban que la protección cruzada esté provocando rupturas de resistencia. Tampoco permiten concluir que cualquier cambio genético detectado produzca por sí mismo un virus más agresivo o capaz de vencer la resistencia. Lo que sí muestran es que incrementar voluntariamente la presión del virus puede crear un escenario menos favorable para conservar la resistencia genética durante más tiempo.
Fuente: Fresh Plaza




