El nitrógeno es uno de los nutrientes que más condicionan el crecimiento de los cultivos. También es uno de los insumos que más dependen de fertilizantes industriales. Por eso, una línea de investigación de la UNAM vuelve a poner atención en una alternativa que ya existe en la naturaleza. Algunas bacterias del suelo pueden capturar nitrógeno del aire y transformarlo en compuestos que ciertas plantas sí pueden aprovechar.
La investigación está encabezada por Esperanza Martínez Romero, del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM. Su trabajo se concentra en bacterias fijadoras de nitrógeno, entre ellas especies del género Rhizobium. Estos microorganismos pueden asociarse con las raíces de algunas leguminosas, como el frijol, y formar nódulos donde ocurre el intercambio entre la planta y la bacteria.
La planta entrega azúcares y un espacio protegido. A cambio, las bacterias convierten el nitrógeno atmosférico en formas que la planta puede usar para producir aminoácidos, proteínas y otras moléculas. Este mecanismo explica por qué algunas leguminosas pueden obtener una parte importante de su nitrógeno mediante procesos biológicos y reducir su dependencia de fertilizantes químicos.
El hecho está bien establecido y la investigadora señala que estas bacterias pueden sustituir de forma parcial e incluso total los fertilizantes nitrogenados en algunos cultivos. También documenta que no cualquier bacteria funciona con cualquier planta. La asociación depende de un reconocimiento específico entre ambos organismos. Esto limita cualquier lectura que sugiera una solución universal.
El punto más relevante está en cultivos como maíz, trigo y arroz. Estas plantas no forman de manera natural los mismos nódulos que las leguminosas y por ello dependen mucho más del nitrógeno aplicado desde fuera. El grupo de Martínez Romero lleva más de 15 años estudiando cómo lograr que el maíz aproveche mejor bacterias fijadoras de nitrógeno. Los investigadores ya han conseguido fijación de nitrógeno asociada a raíces de maíz mediante mecanismos distintos a los del frijol.
Eso no significa que el fertilizante nitrogenado pueda eliminarse de inmediato en el maíz. Esa sería una conclusión que la evidencia disponible todavía no permite. Lo que sí puede inferirse es que mejorar esta relación entre microorganismos y cultivos podría reducir parte de la fertilización requerida y abrir una vía para disminuir costos y efectos ambientales.
La importancia económica está precisamente ahí. El nitrógeno es esencial para el rendimiento, pero su fabricación requiere mucha energía y el uso excesivo puede generar contaminación de suelos y cuerpos de agua. Si una parte de esa función pudiera cubrirse con microorganismos adecuados, el manejo de la nutrición vegetal tendría otra herramienta disponible.
Para los productores, el cambio todavía no consiste en reducir dosis por cuenta propia. La aplicación depende del cultivo, la bacteria, el suelo y la capacidad real de establecer una asociación eficiente. El avance científico abre una posibilidad, no una receta inmediata.
La investigación de la UNAM muestra algo más amplio. Parte de la innovación agrícola no necesariamente consiste en agregar nuevos insumos. También puede consistir en entender mejor las relaciones biológicas que ya ocurren en el suelo y aprender a utilizarlas con mayor precisión.
Fuente: AgroLatam




