México no produce toda la carne que consume, así que una parte la compra en otros países. A esas compras se les llama importaciones, y desde 2026 funcionan con reglas especiales que vencen el 31 de diciembre. El Gobierno todavía no ha dicho qué pasará en 2027, y la industria de la carne pide una respuesta pronto, pues la indecisión afecta a empresas, a ganaderos y, de manera indirecta, a quienes compramos carne.
Para entender el tema ayudan dos palabras. Un arancel es un impuesto que se paga al introducir un producto extranjero al país, y encarece esa mercancía. Un cupo es una cantidad limitada de producto que puede entrar con un arancel preferencial, es decir, más barato. Para 2026, México autorizó cupos de 70,000 toneladas de carne de res y 51,000 de carne de cerdo, con certificados que valen hasta el 31 de diciembre. Lo que se importe por encima de esas cantidades queda sujeto a arancel. Además, en esa misma fecha termina la exención de arancel para el pollo.
Estas reglas nacieron de un cambio reciente. En diciembre de 2025, el Gobierno sacó la carne de res y de cerdo del decreto que quitaba aranceles a productos de la canasta básica. En enero de 2026, la Secretaría de Economía puso los cupos en su lugar. El Consejo Mexicano de la Carne (Comecarne), organismo que habla por la industria cárnica, considera que esas cantidades se quedan cortas y calculó que el país necesitaría 153,000 toneladas de res y 111,000 de cerdo. Ahora pide que se anuncien con tiempo las condiciones de 2027.
La razón de la prisa está en los tiempos de traslado. Cuando una empresa compra carne en Brasil, Argentina o Chile, necesita entre 30 y 50 días para programar el embarque y entre 18 y 35 días más para que el barco llegue a México. En total pasan entre 48 y 85 días. Si compra en Estados Unidos o Canadá, la programación toma entre 7 y 15 días y el transporte por tierra cerca de siete. Una compra acordada en noviembre de 2026 con un proveedor sudamericano puede llegar entre enero y febrero de 2027, cuando las reglas todavía no se conocen.
El tema es delicado porque el Gobierno busca dos cosas a la vez. Quiere que haya carne suficiente y accesible para las familias, y quiere que los ganaderos y productores mexicanos no pierdan clientes frente a la carne extranjera barata. Los cupos ayudan a ambos lados, y cada cambio favorece más a unos que a otros. Las organizaciones de ganaderos han apoyado los cupos porque protegen la producción nacional, y las empresas que procesan carne piden un sistema de abasto flexible para no quedarse sin materia prima.
Fuente: Agrolatam




