Vivimos en una época maravillosa, en la que casi cualquier idea que te surja la puedes materializar en un proyecto tangible utilizando plataformas de inteligencia artificial. Este hecho, por sí solo, puede explicar el auge de agtechs que estamos presenciando ahora mismo, con propuestas que hace décadas solo podíamos imaginar.
El agro, tradicionalmente un sector lejano a la tecnificación, se está convirtiendo en el campo de pruebas de dueños y responsables de empresas que buscan digitalizar una parte de las cadenas agroalimentarias. El potencial de negocio existe y es tan atractivo que incluso están llegando expertos de fuera del agro de áreas tan diversas como electrónica, mecatrónica, sistemas computacionales, etc.
Yo mismo he tenido la oportunidad de platicar con muchas de estas personas que detectaron oportunidades para resolver problemas específicos relacionados con la agricultura. Y en lo personal me gusta que estén en el sector, porque sus perspectivas nos ayudan a los profesionales agrícolas a ver nuestros problemas con otros ojos.
Especialmente poderosa me parece la combinación de expertos agrícolas y expertos tecnológicos, pues de esta fusión han empezado a surgir soluciones tan interesantes y diversas que podríamos pensar que el agro experimentará un cambio tan radical como pocas veces hemos visto. Pero, ¿por qué la adopción tecnológica sigue tan lenta?
Porque el hecho de poder crear algo no significa que tenga espacio en el mercado. Actualmente el crear ha dejado de ser la limitante. La limitante ahora es validar y vender, y en esto el agro sigue presentando la misma resistencia de siempre.
¿Dónde surge la fricción para la tecnificación del agro?
Tengo un amigo de esos entusiastas, que apenas hace un par de años decía que por fin el agro se iba a tecnificar a un ritmo tal, que esto parecería Silicon Valley. Lo decía porque el potencial para crear sistemas y aplicaciones de todo tipo ya asomaba en el horizonte, y de hecho, esta parte se ha cumplido, y apenas va comenzando.
Pero en mi opinión, las soluciones agrodigitales están surgiendo a un ritmo mucho mayor de lo que el agro puede absorber, porque la tecnología ha llegado a la agricultura pero la agricultura parece no estar lista para avanzar a su ritmo.
Muchos, entre los que me incluyo, pensábamos que el gran problema que evitaba la tecnificación agrícola era el costo de la tecnología; pero ahora que este aspecto ya no es más una barrera de entrada, nos damos cuenta de que nos equivocamos de enemigo. Ahora mismo los agricultores podrían pagar un par de suscripciones de plataformas agrícolas a precios accesibles, suscripciones que les ayudarían a mejorar sus negocios, pero no lo están haciendo, porque tenemos un problema grande.
¿A qué problema me refiero? Al problema del exceso de opciones. Si yo fuera agricultor, tampoco sabría por cuál de todas las opciones pagar (y no me gustaría tener que pagar 3 a 5 o más), porque empieza a haber tantas, que caemos en la parálisis por exceso de opciones. Este es un tema bien estudiado en psicología, y nos dice que mientras más opciones disponibles en el mercado, más nos cuesta decidirnos por una.
Y la realidad es que el ecosistema agtech no es realmente un ecosistema, sino que son muchas personas resolviendo problemas por su cuenta, pero no hay un hilo conductor que una a varias de esas personas y sus propuestas. En otras palabras, no hay interoperabilidad, y eso hace que cada solución funcione de forma aislada.
Piensa en los teléfonos celulares. Tenemos dos grandes ecosistemas, el Android y el iOS. La elección se facilita. Y si te pidiera nombrar las principales marcas de celulares, seguro se te vienen a la cabeza unas cinco, con lo que la elección tampoco es tan complicada. Menciono este ejemplo porque dentro de cada ecosistema todo está homogeneizado y conectado, lo que ayuda muchísimo cuando compras un nuevo smartphone y no tienes que aprender a usarlo desde cero.
Los centros de transferencia tecnológica son la pieza que falta
Hace unas semanas estuve en Costa Rica, en la Semana de Agricultura Digital del Instituto Interamericano para la Cooperación Agrícola (IICA), y ahí, rodeado de tantas personas con sus soluciones digitales para el agro, me percaté de que cada uno escala la montaña solo. Es triste pensar que muchas de esas agtechs simplemente quebrarán (porque pude comprobar que su mayor necesidad es financiamiento), cuando a lo mejor si se unieran para compartir experiencias y recursos, podrían salir adelante.
En el evento que te comento había, además de dueños y responsables de empresas, representantes del gobierno y de la academia, además de representantes de organizaciones de agricultores, y aunque todos tenían la mayor voluntad de aportar, noté que hace falta un elemento que enlace a todos. Este elemento son los centros de transferencia tecnológica.
Piensa de nuevo en los celulares. Cuando vas a comprar uno nuevo, literalmente lo puedes sacar de su caja, tocarlo y probarlo, y si no te convence hay otros modelos disponibles. Ahora piensa… ¿Cómo va a pagar un agricultor por una herramienta como un dron o por una plataforma que le da información satelital sin antes probarla? Y claro, las pruebas alguien las tiene que pagar, pero en este caso, si hablamos de agtechs que operan al límite de sus recursos económicos, es normal que no pueden ofrecer las pruebas necesarias, ni en cantidad ni en duración.
Soy de la idea de que los gobiernos deben ser los encargados de establecer centros de transferencia tecnológica, en los que las empresas emergentes puedan ofrecer pruebas mediante subsidios gubernamentales. En un mundo ideal el gobierno pone la infraestructura y los subsidios, las agtechs presentan sus soluciones y los agricultores prueban sin compromiso. Sin embargo, como soy una persona pragmática y no veo que eso vaya a ocurrir, la solución pasa por la organización de varias agtechs, que en conjunto puedan establecer su propio centro. Aunque claro, hablamos de varias decenas de ellas, quizá, por lo que la ubicación debería ser altamente estratégica.
El ajuste en los mensajes comerciales que requieren las agtechs
Pero no todo pasa por mostrar las soluciones, también debemos comunicarlas de mejor manera. Te cuento una historia rápida. Hace unos meses asesoré a una empresa cuya narrativa simplemente era indescifrable para gente del agro. Por ponerte un ejemplo, decían algo como “disponemos de API para facilitar tu trabajo”. Esto es jerga técnica y si quieres que los agricultores salgan corriendo lo estás haciendo bien. Pero si quieres vender entonces tienes que hablar su idioma.
A lo que se referían con lo del API era a que su sistema podía extraer los datos de las estaciones meteorológicas y de los sensores que ya se tenían en campo, por lo que no tenían que comprar instrumentos nuevos. El mensaje que quedó en su presentación comercial fue algo como “aprovecha las herramientas con las que ya cuentas”. Esto es algo que sí entiende un agricultor, y que le gusta, porque no tiene que desembolsar más dinero de su bolsa.
Esto, que una vez explicado te sonará muy obvio, resulta una de las mayores fricciones que veo todos los días en campo. Porque la gente de tecnología habla como gente de tecnología y si alguien no traduce sus mensajes, la gente de campo no los comprende, porque no es su mundo.
No digo que los aspectos técnicos no sean importantes, solo que vienen después de la venta comercial, cuando un cliente quiere más contexto o cuando su equipo necesita saber lo que va a pasar en su campo.




