La oferta mundial de frambuesa no ha logrado acompañar el crecimiento de la demanda. Esa es la explicación que da Antonio Domínguez, presidente de la International Raspberry Organization (IRO), para entender por qué la fruta lleva entre dos y tres años con precios elevados. El efecto se ve con más fuerza en el segmento de congelado, donde la tonelada se vendía antes entre 3,000 y 3,500 dólares y hoy puede superar los 5,000 dólares.
Lo esencial es una brecha entre lo que el mundo quiere comprar y lo que los productores logran entregar. Frente al extremo alto del rango anterior, el congelado registra un alza que puede superar 40%, y quien vende fruta congelada cobra bastante más por la misma tonelada que antes.
México es el principal exportador de frambuesas del mundo y destina cerca del 94% de su producción al mercado fresco, principalmente a Estados Unidos. Ese mercado exige precio y calidad, de modo que la fruta que no los alcanza tiene pocas salidas. Según Domínguez, ese volumen empieza a encontrar oportunidades en el congelado, un segmento relativamente nuevo que gana cada vez más espacio y volumen. En un mercado con oferta insuficiente, cada tonelada que encuentra comprador pesa más.
La brecha se refleja en dos movimientos. Con el congelado por encima de 5,000 dólares, la fruta que no califica para fresco adquiere valor comercial, lo que mejora el aprovechamiento de cada huerto. Al mismo tiempo, Domínguez describió el mercado como un péndulo. Cuando los precios suben demasiado, consumidores e industrias procesadoras buscan sustitutos. Una empresa que usa frambuesa como ingrediente puede cambiarla por fresa u otra fruta si el costo reduce sus márgenes de forma significativa. La falta de oferta sostiene el precio y ese precio invita a buscar alternativas.
Para el productor, la recomendación de Domínguez es aprovechar este momento para invertir en los huertos, mejorar los sistemas de riego, fortalecer la inocuidad y elevar la eficiencia. Para las empresas que compran frambuesa como insumo, el costo actual abre la puerta a evaluar alternativas. En variedades, el desarrollo genético se vincula con el cambio climático y busca mejorar productividad, calidad, sabor, resistencia y facilidad de cosecha. Algunos mercados privilegian el tamaño o la firmeza y otros valoran el dulzor, así que la variedad plantada define a qué cliente se podrá vender.
Varios de estos temas estarán en la mesa el 27 y 28 de octubre en Guadalajara, donde México será por primera vez anfitrión del Congreso Mundial de Frambuesas de la IRO, con representantes de países productores y visitas a campos y plantas frigoríficas de la zona.
Fuente: Portal Frutícola




