El gran costo en salud pública de los nitratos en el agua
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El gran costo en salud pública de los nitratos en el agua

El campo que alimenta al mundo también está filtrando un riesgo hacia los vasos de agua que millones de personas beben cada día. En España, solo durante 2023, más de 250 municipios detectaron concentraciones de nitratos superiores al límite legal en alguna de sus redes de distribución, lo que dejó a cerca de 220,000 personas sin agua apta para consumo humano.

No es un episodio aislado ni reciente; un año antes, otro informe había documentado que el 11% de las aguas superficiales y el 37% de las subterráneas de aquel país superaban la cantidad de nitratos permitida.

El origen de este problema tiene nombre y fecha, aunque paradójicamente nació como una solución. Desde la Revolución Verde de los años sesenta, la síntesis industrial de fertilizantes nitrogenados multiplicó la productividad agrícola a un ritmo que la naturaleza no había experimentado nunca, y hoy esos fertilizantes sintéticos sustentan a más de un tercio de la población mundial. El dilema es exactamente ese, un insumo que resuelve el hambre puede, en exceso, comprometer la salud de quienes se alimenta.

Aquí es donde el análisis no puede quedarse en blanco o negro. El nitrógeno es, sin discusión, indispensable para el crecimiento de los cultivos y una pieza central de la seguridad alimentaria global. Sin fertilizantes nitrogenados, buena parte de la humanidad enfrentaría escasez de alimentos básicos.

El problema no es el nitrógeno en sí, sino su manejo. Cuando se aplica más de lo que el cultivo puede absorber, el excedente se transforma en nitrato, una molécula altamente soluble que se infiltra con facilidad hacia los acuíferos subterráneos, contaminando el agua que después llega a los grifos de comunidades enteras.

Los efectos sobre la salud humana no son hipotéticos ni marginales. El riesgo más documentado y de consecuencias más inmediatas es la metahemoglobinemia, conocida coloquialmente como el síndrome del bebé azul, una condición que reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno y que puede ser mortal en lactantes menores de seis meses.

A ese riesgo agudo se suma uno crónico que ha ganado fuerza en la literatura científica reciente, la posible relación entre la exposición prolongada a nitratos en el agua y ciertos tipos de cáncer. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, clasificó desde 2010 la ingesta de nitratos y nitritos bajo condiciones que favorecen la formación de compuestos N-nitrosos como probablemente cancerígena para el ser humano, ubicándola en el grupo 2A según esta clasificación, el nitrato y el nitrito ingeridos que pueden formar compuestos N-nitrosos son probablemente cancerígenos para los humanos.

Aquí conviene detenerse en la complejidad real del asunto, porque no todos los organismos coinciden en la magnitud del riesgo. Las autoridades sanitarias reconocen abiertamente los límites de la evidencia; según ha señalado el propio Ministerio de Sanidad español, aunque se han estudiado asociaciones entre la exposición a nitrato por agua y cánceres de estómago, vejiga, riñón, próstata, linfoma no Hodgkin y colorrectal, la evidencia de carcinogenicidad por esa vía específica sigue considerándose inadecuada.

Sin embargo, estudios epidemiológicos más recientes complican ese matiz. Uno publicado en 2023 en la revista Science of the Total Environment encontró que la población expuesta a concentraciones superiores a 9.25 mg por litro presenta un riesgo 15% mayor de desarrollar cáncer colorrectal frente a quienes están expuestos a menos de 1.3 mg por litro, y que ese riesgo comienza a notarse ya a partir de los 4 mg por litro, una cifra muy por debajo del límite legal vigente de 50 mg por litro la población expuesta a concentraciones de nitrato superiores a 9,25 mg/l tiene un riesgo 15% superior de desarrollar cáncer colorrectal que aquella expuesta a menos de 1.3 mg/l. Ese contraste entre el umbral regulatorio y el umbral de riesgo epidemiológico es, quizás, el corazón del debate agrícola de esta década.

Desde la óptica de la producción agrícola, endurecer los límites de nitratos no es una decisión trivial ni gratuita. Los fertilizantes nitrogenados sostienen los rendimientos de cereales, hortalizas y forrajes que a su vez alimentan a la ganadería, y una reducción abrupta en su uso, sin sustitutos técnicos adecuados, tendría un costo directo sobre la productividad y los ingresos de miles de productores, especialmente en zonas de agricultura intensiva y ganadería concentrada, identificadas como las principales fuentes de esta contaminación. Aquí el agro enfrenta una tensión legítima entre la rentabilidad de corto plazo y la sostenibilidad sanitaria de largo plazo.

La buena noticia, si se puede llamar así, es que existen caminos intermedios que ya se están explorando con resultados prometedores. La agricultura de precisión permite dosificar el nitrógeno según la necesidad real del cultivo, evitando el exceso que termina lixiviándose. La rotación de cultivos y la fijación biológica de nitrógeno mediante simbiosis con microorganismos ofrecen una vía complementaria a la dependencia total de fertilizantes sintéticos se puede incentivar cosechas libres de residuos de nitratos mediante prácticas agrícolas sostenibles como la rotación de cultivos y la agricultura orgánica, técnicas que además confieren un valor añadido a los productos.

Incluso la investigación en fertilización con cloruro, financiada por la Unión Europea a través de proyectos como ChlorPlant, ha mostrado que este tipo de nutrición puede reducir la acumulación de nitratos en hojas de hortalizas de consumo humano sin sacrificar rendimiento la fertilización con cloruro reduce la acumulación de nitratos en las hojas y, por tanto, los riesgos que esto genera en la salud humana, además de mejorar la calidad nutricional del producto.

El horizonte regulatorio, además, apunta a endurecerse. Las proyecciones más citadas sobre contaminación por nitratos anticipan que hacia 2050 este problema podría ser un 150% mayor que en 2010, con el sector agrícola como responsable de la mayor parte de ese incremento.

Para el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, esto se traduce en una señal clara para los inversionistas y productores del sector, quienes decidan anticiparse con tecnologías de eficiencia nitrogenada y trazabilidad hídrica estarán mejor posicionados frente a una regulación que, tarde o temprano, tenderá a acercarse más a los umbrales de riesgo epidemiológico que a los límites regulatorios actuales, más laxos.

La disyuntiva entre alimentar al mundo y proteger la salud de quien lo habita no tiene una respuesta única, pero sí una dirección posible, aquella que combine productividad con precisión en el uso del recurso que hizo posible la agricultura moderna.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada, un profesional agrícola que ayuda a profesionales agrícolas con perfil técnico a desarrollar habilidades humanas que los proyecten en el mundo laboral. Visita mi web personal

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