Cinco meses de trabajo detrás de cada flor de cempasúchil
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Cinco meses de trabajo detrás de cada flor de cempasúchil

El cempasúchil tiene una presencia breve en el mercado, pero detrás de cada maceta hay meses de trabajo. En Xochimilco, Viveros Santana prepara su temporada de Día de Muertos con cinco meses de anticipación, desde la compra de semilla hasta el cultivo, el trasplante y la venta. Ese calendario muestra que una de las flores más asociadas con una celebración de pocos días depende en realidad de una operación agrícola que debe planearse con mucha anticipación.

El vivero familiar produjo 10,000 plantas para esta temporada. Seis integrantes participan en la operación y la empresa destinó 60,000 pesos a la producción, con la expectativa de obtener un retorno de 250,000 pesos. La demanda se concentra con fuerza durante la semana previa al Día de Muertos, por lo que gran parte del ingreso depende de colocar el producto en un periodo muy corto. Una cuarta parte de la producción se vende en un punto temporal sobre Paseo de la Reforma, mientras el resto se distribuye en otros puntos de Ciudad de México y también en Morelos.

El dato no es solamente cuánto puede vender un vivero durante octubre. Lo relevante es la relación entre tiempo de producción y tiempo de comercialización. El cempasúchil exige varios meses de trabajo antes de llegar a un mercado cuya demanda máxima dura apenas unos días. Eso obliga a calcular con cuidado cuánto sembrar, dónde vender y cómo mover el producto. Una producción que no encuentre salida a tiempo pierde valor rápidamente porque está vinculada a una fecha específica del calendario.

La venta directa ayuda a reducir ese riesgo. En el caso de Viveros Santana, colocar plantas en zonas de alta afluencia permite acercarse al consumidor final y conservar una mayor parte del valor de la venta. Cada planta se ofrece en 25 pesos a precio de invernadero. Sin embargo, el regateo puede reducir el margen, especialmente en zonas céntricas donde el comprador no siempre conoce el trabajo acumulado detrás de cada maceta.

También existen riesgos que no dependen del mercado. El vivero reportó daños en 400 plantas después de que personas ingresaron al área de cultivo, además de robos de materiales y objetos personales. Para una producción estacional, perder plantas cerca de la fecha de venta tiene un efecto mayor porque ya no existe tiempo suficiente para reponerlas antes del pico de demanda.

El caso permite entender por qué el cempasúchil funciona como un cultivo de oportunidad, pero no como un ingreso sencillo. La familia considera más rentable producir que importar y revender, aunque esa rentabilidad depende de planear bien la temporada y asegurar puntos de venta. Su intención de duplicar la producción el próximo año hasta 20,000 plantas muestra confianza en la demanda, pero también elevará la exposición a costos, logística y riesgos de comercialización.

Para productores y viveros, la implicación es clara: el negocio no se define únicamente en los días previos al 2 de noviembre. Se define meses antes, cuando se decide cuánto producir y cómo se llegará al consumidor. En un mercado tan estacional, vender bien puede ser tan importante como cultivar bien.

Fuente: El Economista

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Olmo Axayacatl Bastida Cañada

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Mi misión es combatir el estancamiento del talento técnico, que requiere de habilidades humanas para pasar de solo ejecutar, a decidir.

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