Una capacitación puede enseñar una técnica; otra cosa es lograr que esa técnica se convierta en una habilidad que el agricultor use de forma constante y con buenos resultados. Esa diferencia está en el centro de una investigación publicada en junio de 2026 en Journal of Rural Studies, que analizó el trabajo de 21 extensionistas agrícolas en la región del Himalaya del norte de India.
El estudio cuestiona una idea todavía común en la asistencia técnica agrícola. El extensionista no solo transmite conocimientos o recomienda tecnologías. También puede funcionar como un mediador que conecta al productor con los actores y recursos que necesita para convertir el aprendizaje en capacidad real.
Los investigadores entrevistaron a personal de una universidad agrícola estatal y de cuatro Krishi Vigyan Kendras, que son centros de ciencia agrícola con presencia local. Encontraron que buena parte del trabajo de estos profesionales ocurre después de la capacitación, pues ayudan a los agricultores a localizar apoyos, acercarse a dependencias públicas, conocer programas, relacionarse con bancos o encontrar personas capaces de resolver problemas específicos.
Los autores llaman a esto mediación institucional. En la práctica significa que saber qué hacer no siempre es suficiente. Un productor puede comprender una nueva técnica y aun así no tener acceso al financiamiento, al insumo, al contacto o al apoyo requerido para aplicarla. La función del extensionista consiste entonces en reducir esa distancia entre conocimiento y ejecución.
El estudio identifica además una segunda función más difícil de ver. Se trata de la mediación social. Algunas habilidades no se utilizan porque existen barreras vinculadas con género, casta (en el caso de India), relaciones familiares o percepciones de la comunidad. En esos casos, el problema ya no es técnico. El productor puede saber cómo realizar una actividad y tener incluso los recursos, pero encontrar resistencia social para llevarla a cabo.
Este punto cambia la manera de entender el desarrollo de capacidades en el campo. Una habilidad agrícola no se forma únicamente durante una sesión de capacitación. Requiere práctica, acceso a recursos, relaciones útiles y un entorno que permita utilizar lo aprendido. El propio estudio encontró que la mediación institucional era frecuente, mientras que la mediación social aparecía de manera menos consistente.
La conclusión coincide con una revisión sistemática publicada también en 2026, que analizó 47 documentos sobre extensión agrícola en el Sur Global. Esa revisión encontró que los modelos más sólidos combinan aprendizaje, colaboración entre actores, adaptación al contexto e integración de distintos tipos de apoyo. También advierte que las intervenciones aisladas pierden fuerza cuando no existe continuidad institucional o acompañamiento posterior.
Eso no significa que toda capacitación sea insuficiente por definición. El estudio de India es cualitativo, se concentra en una región específica y recoge principalmente la visión de los extensionistas, no la de los agricultores. Sus autores reconocen esa limitación. Sin embargo, sus resultados muestran algo relevante para cualquier sistema de asistencia técnica. Medir solo cuántos cursos se impartieron dice poco sobre si una nueva capacidad realmente llegó a consolidarse.
La implicación es sencilla. La transferencia de conocimiento es apenas una parte del proceso. El verdadero desarrollo de habilidades ocurre cuando el agricultor puede practicar, resolver obstáculos, acceder a apoyos y mantener en el tiempo aquello que aprendió.
Fuentes: ScienceDirect y BMC Agriculture




