El costo de cambiar frena la adopción tecnológica en el agro
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El costo de cambiar frena la adopción tecnológica en el agro

El mayor freno para adoptar tecnología en el agro es la distancia entre una mejora prometida y un beneficio que el productor pueda comprobar, pagar y sostener. Una herramienta puede funcionar y aun así quedar fuera de su alcance. Cuando está en juego el dinero del siguiente ciclo, probar algo nuevo exige mucho más que una buena demostración.

Esta es la tensión central que afrontan las agtechs. Las empresas de tecnología agrícola ofrecen soluciones para medir, ahorrar y decidir mejor. Pero el agricultor debe asumir el costo y el riesgo del cambio antes de saber cuánto ganará. De ahí mi tesis de que la oferta tecnológica está creciendo a mayor ritmo que la capacidad de usarla.

México afronta este problema. El Censo Agropecuario 2022 del INEGI reportó que el 88.8% de las unidades de producción agropecuaria enfrentó altos costos de insumos y servicios. Apenas el 6.1% obtuvo crédito. Son datos que ayudan a entender el margen para invertir, aunque no miden por sí mismos la adopción tecnológica.

La lectura económica es que una solución que promete ahorrar agua o fertilizante compite por recursos con la semilla, los jornales y las deudas. Puede ser rentable a lo largo de varios ciclos y resultar imposible de pagar hoy. Confundir falta de liquidez con falta de interés lleva a vender mal y a diseñar apoyos que no resuelven la barrera real.

Pero tampoco conviene aceptar que todo el agro avanza despacio. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), en 2023 los sistemas de dirección automática se usaban en el 70% de las grandes explotaciones agrícolas y en el 52% de las medianas. La adopción variaba mucho según la escala y la tecnología. Aunque claro, es evidencia estadounidense, no tan aplicable a México.

Esto obliga a precisar la pregunta. ¿Qué herramienta, para qué cultivo, con qué tamaño de predio y bajo qué condiciones? No cuesta lo mismo recuperar una inversión entre muchas hectáreas que hacerlo en una parcela pequeña. Tampoco vale igual ahorrar una hora de trabajo donde falta personal que donde ese problema pesa menos.

Del lado de las agtechs hay argumentos válidos. La Oficina de Rendición de Cuentas de Estados Unidos (GAO) señala que la agricultura de precisión puede mejorar el uso de agua, fertilizantes y otros insumos. También puede elevar las ganancias y reducir impactos ambientales. Por tanto, sería un error tratar toda innovación como una promesa vacía.

El punto es que un beneficio posible no equivale a un resultado seguro en cada parcela. Un sensor entrega datos, pero alguien debe entenderlos y actuar. Si detecta falta de humedad y el productor no puede regar, su valor inmediato queda limitado. La calidad del diagnóstico no elimina las restricciones para responder.

Hay, además, costos que una cotización puede dejar fuera. Aprender, cargar datos, ajustar equipos y cambiar rutinas consume tiempo. La FAO, en su informe sobre automatización agrícola de 2022, identificó barreras de formación digital, financiamiento, conectividad y acceso a electricidad. Comprar la herramienta no resuelve por sí solo esas carencias.

Pensemos en una aplicación que exige capturar cada labor. Si el productor no tiene registros previos, debe crear un hábito además de aprender a usarla. Ese esfuerzo puede valer la pena, pero necesita una recompensa visible a corto plazo para dedicarle tiempo a ello. Es decir, pedir más trabajo hoy para ofrecer un tablero de datos mañana no siempre es una propuesta atractiva para un agricultor.

También importa la confianza. La GAO advierte sobre dudas en torno al uso y la propiedad de los datos, así como la falta de normas que permitan conectar distintas tecnologías. Para el productor, saber quién verá su información y si podrá cambiar de proveedor forma parte del valor de la compra, y actualmente hay una enorme nube gris que nubla este tema.

De estos hallazgos se desprende una exigencia comercial. Las agtechs deben explicar qué decisiones mejoran, cuánto cuesta todo el proceso y qué apoyo ofrecen si algo falla. Mostrar mapas de colores no basta. Una prueba local, con costos completos y una comparación válida, puede dar más certeza que una larga lista de funciones. Y aquí, por supuesto, asoma el tema económico, pues muchas agtechs nacientes no cuentan con el recurso para este tipo de pruebas.

Ahora bien, comprender la cautela del agricultor no implica justificar toda resistencia. Mantener una práctica sin medir sus pérdidas también es una apuesta. El método conocido puede desperdiciar insumos o demorar decisiones. Si nunca se compara con otra opción, la experiencia corre el riesgo de convertirse en una razón para no aprender.

La salida razonable es reducir el tamaño de la apuesta. Antes de cambiar toda la operación, conviene probar en una parte del predio. Se debe fijar qué se medirá y conservar una referencia comparable. No basta cosechar más que el año anterior, porque el clima, el manejo o la presión de plagas pudieron ser distintos.

Las agtechs también necesitan revisar cómo cobran y entregan sus soluciones. Pagar por servicio, por hectárea o por temporada puede facilitar la entrada cuando evita una compra elevada. Sin embargo, ese esquema debe cubrir los costos de infraestructura, de operación y de personal. Una empresa que cobra demasiado poco puede quedarse sin capacidad de brindar soporte justo cuando más se necesita.

Organizar la demanda ofrece otra vía. Un grupo de productores puede compartir equipos o contratar asesoría, siempre que acuerde turnos, pagos y responsabilidades. La escala conjunta puede bajar costos, pero requiere gestión. Sin reglas claras, compartir una herramienta puede crear un nuevo problema en plena temporada.

La política pública debería atender esa cadena completa. Financiar equipos sin formar usuarios ni asegurar mantenimiento puede terminar en bienes sin uso. El apoyo tendría más sentido si vincula pruebas en campo, asistencia técnica y evaluación de resultados. Y si mide cuánto se sigue usando la solución después de la entrega, no solo cuánto se compró.

Para las propias agtechs, esa medida también importa. Una descarga, una prueba gratis o una venta inicial no prueban adopción sostenida. La señal más valiosa es que el agricultor vuelva a usar la herramienta y pueda explicar qué ganó con ella. El dato comercial debe acercarse al resultado productivo.

El reto, entonces, es convertir capacidad técnica en una mejora que quepa en las cuentas y en la jornada del productor. Habrá casos donde convenga adoptar pronto y otros donde esperar sea sensato. El avance masivo llegará con menos incertidumbre, servicios confiables y beneficios medibles. Mientras el agricultor cargue con casi todo el riesgo de probar, tener más soluciones no será suficiente.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Comunicador agrícola | Capacitador laboral | Ayudo a empresas agrícolas que buscan impulsar el expertise de su equipo técnico con capacitaciones de habilidades humanas.

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