Un agricultor que tiene una buena cosecha se queda con su ganancia. Vende su producto, cobra su cheque y ese dinero entra a su bolsillo sin que nadie más participe del reparto. Pero cuando ese mismo agricultor pierde, cuando la sequía le quema el maíz o el precio internacional se desploma, es probable que aparezca un apoyo gubernamental que sale de los impuestos de todos los mexicanos, incluidos quienes nunca sembraron nada.
Ahí está un punto de incomodidad a quien mira el campo con ojos de negocio, porque ningún otro sector funciona así. Un restaurante que quiebra no recibe un rescate automático. Una tienda de ropa que no vende no pide que el gobierno le pague la renta.
Ese contraste es el corazón del debate agrícola actual, y no es exclusivo de México. En 2025, más de dos millones de productores mexicanos reciben entre 2,000 y 2,800 pesos por hectárea a través del programa Producción para el Bienestar, sin importar si esa hectárea fue rentable o no.
Antes, con PROAGRO Productivo, cerca del 65% del presupuesto del Programa de Fomento a la Agricultura se destinaba a ese tipo de apoyo directo. La pregunta que surge es: si el campo es un negocio, ¿por qué el estado sostiene a quienes no logran ser rentables, mientras premia a quienes sí lo son dejándolos guardar su ganancia?
La respuesta más común, y la más repetida por funcionarios y académicos, es que la agricultura no es un negocio cualquiera. Produce algo que ningún otro sector produce, que es el alimento diario de la población entera. Un país sin fábricas de zapatos puede importar zapatos sin mayor drama. Un país sin capacidad de producir alimento básico queda expuesto a decisiones ajenas, a bloqueos comerciales, a variaciones cambiarias que encarecen la canasta básica de la noche a la mañana. Bajo esa lógica, sostener a la producción agrícola no es un favor, es una forma de proteger la seguridad alimentaria nacional, algo que trasciende la rentabilidad de una parcela individual.
Ese argumento tiene peso, pero conviene mirarlo con cuidado antes de aceptarlo sin más. La Política Agrícola Común de la Unión Europea, que reparte apoyos directos con el argumento explícito de garantizar la seguridad alimentaria y un nivel de vida razonable para el agricultor, ha sido criticada durante años, porque gran parte de esos fondos terminan en manos de las explotaciones agrícolas más grandes, no en las más necesitadas.
En 2022, la Unión Europea presupuestó cerca de 57,000 millones de euros solo para subvenciones agrícolas, de un total de 243,000 millones de euros en subsidios generales. Francia, el mayor receptor, obtuvo casi 9,500 millones de euros repartidos entre más de 400,000 beneficiarios. Es decir, hasta en las economías más ricas del mundo, el subsidio agrícola no siempre llega a quien más lo necesita, sino a quien tiene mejor acceso administrativo y mayor capacidad de gestión.
Esa evidencia obliga a matizar la idea romántica de que todo subsidio salva al pequeño productor vulnerable. En México ocurre algo parecido. Estudios sobre programas de apoyo al campo en regiones como la Comarca Lagunera muestran que casi el 98% de los productores ha recibido algún beneficio gubernamental en algún momento, una cobertura amplísima que, sin embargo, no siempre se traduce en mayor productividad. Investigadores que revisaron la literatura internacional sobre el tema no encontraron evidencia clara de que los subsidios mejoren el rendimiento de las granjas. Lo que sí encontraron es que, en muchos casos, ese dinero se usa para consumo familiar inmediato y no para comprar mejores semillas, fertilizante o tecnología. El apoyo llega, pero no necesariamente resuelve el problema de fondo, que es la baja productividad estructural de buena parte del campo mexicano.
Entonces, ¿el subsidio es un desperdicio? Tampoco es tan sencillo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que monitorea la política agrícola de 54 países, documenta que prácticamente ningún país desarrollado deja a su agricultura sin protección estatal. Estados Unidos sostiene con fuerza los precios del azúcar, la leche y los cereales. La propia Unión Europea define sus pagos directos como una red de seguridad que hace más rentable la agricultura y ayuda a producir alimentos seguros y asequibles para toda la población.
Si las economías más grandes del planeta, con mercados más sofisticados que el mexicano, siguen subsidiando su campo, resulta difícil sostener que México debería dejar de hacerlo por pureza de libre mercado. La comparación internacional también alimenta el reclamo de muchos productores mexicanos, que argumentan que compiten en desventaja frente a agricultores extranjeros mucho más apoyados por sus propios gobiernos.
Lo que sí parece cierto, visto desde ambos lados, es que el problema no está en subsidiar o no subsidiar, sino en cómo se diseña ese apoyo. Un subsidio que reparte dinero por hectárea registrada, sin condicionarlo a mejoras productivas ni a resultados, corre el riesgo de volverse una muleta permanente en vez de un impulso temporal. Un subsidio pensado como inversión en tecnología, capacitación técnica o acceso a mejores semillas, en cambio, puede convertir a un productor que hoy pierde en uno que mañana gane por sus propios medios, sin necesitar ayuda perpetua.
El agro mexicano vive entonces en una tensión que no tiene una resolución perfecta ni definitiva. Es un negocio, porque genera ingresos, empleo y exportaciones que compiten en mercados internacionales exigentes. Y es también un servicio público, porque de él depende que millones de familias tengan qué comer todos los días sin importar el clima o los precios internacionales. Tratarlo solo como lo primero ignora su función social. Tratarlo solo como lo segundo puede perpetuar la baja productividad que arrastra desde hace décadas. La discusión no es si apoyar al campo, sino cómo hacerlo de forma que el apoyo empuje hacia adelante en vez de solo sostener lo que ya no funciona.
- Los subsidios agrícolas de México
- Uso e impacto de los programas gubernamentales de apoyo al sector agropecuario de la Comarca Lagunera de Durango, México
- Del subsidio al bienestar, apoyos y programas al campo mexicano ante un nuevo ciclo de protestas
- Gráfico, ¿Quién recibe más subsidios agrícolas de la Unión Europea?
- Subsidios a la agricultura y ganadería
- Política Agrícola Común de la Unión Europea



