China corteja al campo mexicano y Estados Unidos lo nota
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China corteja al campo mexicano y Estados Unidos lo nota

El campo mexicano acaba de abrir una puerta que, hasta hace poco, parecía cerrada. El sábado 15 de agosto salieron de Topolobampo los primeros cinco contenedores de sorgo sinaloense rumbo a China, el primer paso de un acuerdo que contempla colocar hasta 1.2 millones de toneladas del grano en el mercado asiático.

La gobernadora interina del estado lo celebró como una oportunidad histórica para los productores del estado, el otrora llamado granero de México. Y en efecto, para muchos agricultores esto significa que un comprador nuevo, con apetito enorme, aparece justo cuando necesitaban diversificar a quién venderle la cosecha.

El problema es que este acercamiento agrícola con Beijing no ocurre en el vacío. Sucede exactamente cuando Washington presiona a México, con más fuerza que nunca, para que se distancie de China en materia comercial. Estados Unidos acusa a México de servir como puerta trasera para mercancías chinas que buscan evadir aranceles y entrar disfrazadas de producto norteamericano bajo el T-MEC.

Un informe de la Casa Blanca, publicado apenas este mes, describe con detalle ese temor. Y todo esto ocurre justo durante las sesiones de revisión del T-MEC, el momento en que se decidirá si México conserva el trato preferencial que sostiene buena parte de su economía. Ahí está la mayor fricción, no en el sorgo mismo, sino en la señal política que envía cualquier gesto de cercanía con China mientras Washington exige lo contrario.

Visto de un lado, la relación con China representa una oportunidad económica difícil de ignorar. China es el comprador de granos más grande del planeta y su capacidad de importación no tiene comparación en el mundo. Cuando este gigante decide apostar por un origen nuevo, los volúmenes que mueve pueden transformar la rentabilidad de una región entera. Ya ocurrió con la soya. Entre 2016 y 2024, la participación de Estados Unidos en las importaciones chinas de ese grano cayó de 41% a apenas una quinta parte, mientras Brasil se consolidaba con 73.6% del mercado en 2025.

La lección es clara, una vez que China diversifica proveedores, rara vez regresa por completo al anterior. Para México, entrar ahora a ese proceso de diversificación, en un momento en que Beijing busca alternativas al sorgo estadounidense, podría significar una relación comercial duradera y no solo un pedido ocasional.

Ese apetito chino, además, no nació de la nada. Desde 2025, en plena guerra comercial con Washington, China impuso aranceles de hasta 10% al sorgo estadounidense y llegó a suspender compras a varias empresas de ese origen. El vacío que dejó esa ruptura lo llenaron primero Argentina y Australia. México, con un protocolo sanitario firmado desde 2020 pero nunca antes aprovechado del todo, apenas está entrando a esa fiesta. El propio presidente de Sichuan Yourong Group, la empresa china detrás del acuerdo con Sinaloa, viajó personalmente a negociar con productores y autoridades estatales, una señal de interés genuino y no de un simple gesto diplomático.

Del otro lado de la moneda, sin embargo, el terreno es mucho menos firme de lo que parece. Estados Unidos ya presiona abiertamente a México para que suba los aranceles al acero y al aluminio chinos, replicando las tasas que Washington aplica bajo su Sección 232. México, de hecho, ya endureció su política comercial frente a China desde enero, con gravámenes de hasta 35% sobre más de 1,460 líneas de productos, entre ellos automóviles, textiles y acero. Es decir, en el terreno industrial, México camina en la misma dirección que pide Estados Unidos. La apertura agrícola al sorgo chino ocurre en un carril distinto, pero no todos en Washington harán esa distinción con la misma paciencia, sobre todo con el fentanilo y la revisión del tratado como telón de fondo político.

Tampoco conviene idealizar a China como socio comercial sin fricciones propias. Apenas este mes, Beijing impuso aranceles de hasta 54.3% a las nueces pecanas mexicanas y estadounidenses, tras acusar a ambos países de competencia desleal, en represalia directa a los nuevos gravámenes que México puso a productos chinos. Es una muestra de que la relación con Beijing tampoco es un camino sin obstáculos ni tiene garantía de estabilidad a largo plazo. China negocia con generosidad cuando le conviene, pero responde con la misma dureza cuando se siente perjudicada.

La complejidad real está entonces en que ningún actor de esta historia se mueve con una sola intención. China busca asegurar su abasto de granos y diversificar lejos de Estados Unidos, algo que también hace con soya, maíz y trigo desde hace años. Estados Unidos busca blindar el T-MEC a su gusto y modo, y evitar que México se convierta en un puente para productos chinos, sin que eso necesariamente incluya al agro. Y México intenta, con cierta habilidad, sostener ambas relaciones a la vez, cediendo en aranceles industriales para tranquilizar a Washington mientras abre nuevas rutas de exportación agrícola hacia Asia. No es una postura contradictoria por accidente, es más bien un intento calculado de no depender de un solo comprador ni de un solo vecino.

Para los productores de sorgo, el resultado inmediato es positivo, más compradores significan mejores precios y menos vulnerabilidad ante decisiones que se toman en Washington o en cualquier otra capital. Pero el contexto político alrededor de este primer envío recuerda que en el comercio agrícola actual, ninguna decisión ocurre aislada de la geopolítica más amplia.

La revisión del T-MEC este 2026 será el verdadero examen. Ahí se sabrá si esta apertura hacia China fue el inicio de una diversificación inteligente para el campo mexicano, o si terminó siendo un gesto que costó más caro de lo que valió, en la mesa donde realmente se negocia el futuro comercial de México.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada, un profesional agrícola que ayuda a otros profesionales agrícolas con perfil técnico a desarrollar habilidades humanas para comunicar mejor y vender más. Más información

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