El consumidor que compra una botella de tequila en el supermercado o en un bar de Guadalajara, Los Ángeles o Madrid probablemente no lo sabe, pero el insumo principal de esa bebida vale hoy una fracción de lo que valía hace tres años.
El kilo de agave, que llegó a cotizarse en 30 pesos en 2022, se desplomó hasta rangos de entre 0.80 y 8 pesos según cifras del programa Agave Responsable Social del Consejo Regulador del Tequila, una caída de hasta 92%. Y sin embargo, el precio en anaquel de una botella de tequila no ha bajado en la misma proporción, ni de lejos.
Este es el mayor punto de fricción para quien sigue esta industria de cerca; una materia prima que se derrumba mientras el producto final mantiene o incluso aumenta su valor.
La tentación es pensar en abuso de precios o en márgenes injustificados de las marcas. Pero la realidad del mundo tequilero es más compleja que eso, y entenderla exige separar dos mercados que se parecen poco entre sí aunque compartan la misma planta como origen.
Por un lado está el agave, un commodity agrícola sujeto a los ciclos clásicos de siembra excesiva y colapso de precios que ya se han visto en el café, el limón o el aguacate. Por el otro está el tequila embotellado, un producto con denominación de origen, reglas de añejamiento, controles sanitarios, inversión en marca y distribución internacional, cuyo valor no depende únicamente del costo del kilo de piña de agave que entra a la destilería.
El primer factor que explica esta desconexión es que no existe una sobreproducción de tequila comparable a la sobreproducción de agave. Cualquiera puede sembrar agave, como lo reconoció el propio presidente del Consejo Regulador del Tequila, Aurelio Rocha, al señalar que la expectativa de ganancias atrajo a miles de nuevos productores que no pueden controlarse ni censarse con precisión.
Pero producir tequila legalmente es otra historia. Se requiere estar dentro de la zona de denominación de origen, contar con permisos del propio Consejo Regulador, cumplir normas de destilación y envasado, y en muchos casos sostener inventarios de barricas que envejecen durante años antes de generar un solo peso de ingreso. Esa barrera de entrada, regulatoria y de capital, es la que impide que el desplome del agave se traduzca en una avalancha de tequila barato. La materia prima puede sobrar, pero la capacidad instalada para transformarla en un producto certificado y exportable no crece a la misma velocidad ni con la misma facilidad.
El segundo factor, tal vez el más determinante, es que el tequila ya dejó de ser solo un destilado mexicano y se convirtió en un activo de marca que se cotiza en mercados internacionales. Las estimaciones disponibles ubican el valor del negocio del tequila en 2026 entre 12,180 y 13,700 millones de dólares, sostenido en buena medida por las gamas premium y por el producto elaborado cien por ciento con agave, categorías donde el peso del insumo agrícola en el costo final es mínimo comparado con el peso de la marca, el empaque, la publicidad y los canales de distribución en Estados Unidos, su principal comprador.
Ninguna casa productora que haya invertido años en construir una marca reconocida va a bajar su precio de anaquel solo porque el agave esté más barato, del mismo modo que una marca de café gourmet no ajusta su precio cada vez que cae la cotización internacional del grano. El agave es insumo, el tequila es producto terminado con valor agregado, y esa distinción es la que sostiene el precio incluso en medio de la crisis del campo.
Ahora bien, sería injusto quedarse solo con esa lectura, porque también hay otra cara de esta historia que conviene no minimizar. Mientras las marcas mantienen sus precios, miles de productores agrícolas están abandonando sus sembradíos porque el precio actual del agave ya no cubre ni los costos de cosecha, lo que además ha disparado la propagación de plagas entre predios vecinos, según ha documentado el propio Consejo Regulador.
El campo está absorbiendo casi por completo el ajuste de esta sobreoferta, mientras la industria embotelladora, sobre todo las marcas más grandes y con mayor participación de capital extranjero, capta el valor que se genera río abajo en la cadena. Esa asimetría es real y explica buena parte del malestar entre los agavicultores, que ven cómo el negocio crece en dólares mientras ellos pierden cosechas enteras.
Y bueno, tampoco todo es color de rosa para las tequileras. La producción certificada de tequila, que llegó a superar los 650 millones de litros en 2022, ha venido cayendo desde entonces hasta ubicarse cerca de 496 millones en 2025, señal de que el mercado estadounidense muestra signos de madurez, que el consumo de alcohol se modera en general y que la sensibilidad al precio del consumidor final también está presente. Y claro, ni que decir que el segmento de bebidas espirituosas tiene cada vez mayor competencia.
Es decir, las marcas no están nadando en un mar de rentabilidad sin límites; están gestionando un mercado que crece en valor pero no necesariamente en volumen, lo que las obliga a proteger márgenes precisamente donde tienen más control, que es en el precio final, y no en el costo de un insumo agrícola que de todas formas representa una porción menor de su estructura de costos totales.
La conclusión es que no hay héroes ni villanos en esta historia. Hay un mercado agrícola desregulado y vulnerable a los ciclos de siembra especulativa, y hay un mercado industrial protegido por denominación de origen, marca y alcance internacional que amortigua los golpes que sí golpean de frente al campo.
El desplome del agave es una crisis real para el productor primario, pero no es, ni tiene por qué ser, una promesa automática de tequila más barato para quien lo compra en la tienda. Entender esa diferencia es clave para cualquiera que quiera analizar con seriedad hacia dónde va esta industria en los próximos años.
Fuentes consultadas
- Sobreproducción de agave en México causa caída en precios
- Caída de precios de agave deja campos abandonados y plagas en México, dicen tequileros – Infobae
- El tequila afronta una sobreoferta de agave que presiona precios y márgenes
- Especialistas mexicanos dicen que baja del precio del agave podría agudizarse
- Caída de precios de agave deja campos abandonados y plagas en México
- El agave perderá casi 64% de su valor en un año. Guanajuato entre los estados clave del cultivo



