Crisis del mango en Sinaloa reconfigura el mercado nacional

Artículo: Crisis del mango en Sinaloa reconfigura el mercado nacional

El mango mexicano atraviesa una de sus temporadas más difíciles en años recientes, y el epicentro del problema está en Sinaloa, el estado que produce casi el 25% del mango nacional.

Lo que en un año normal seria una cosecha de 140 mil toneladas en el sur del estado, este 2026 se redujo a apenas 40 mil toneladas, un desplome que llevó al gobierno estatal a sentarse con productores y comercializadores para definir un esquema de apoyo económico, mientras los agricultores piden abiertamente que se declare la temporada como catástrofe.

La causa no fue una plaga ni un problema de mercado, sino el clima: un invierno cálido impidió que los árboles acumularan las horas frío necesarias para una floración normal, lo que redujo drásticamente el amarre de frutos y golpeó la carga productiva en los huertos del sur sinaloense.

Es el mismo patrón que ya había afectado a Nayarit semanas antes, donde un frente frío de marzo alteró la etapa de floración, y que ahora se replica, con matices, en la transición hacia el norte de Sinaloa. El resultado es una campaña donde la naturaleza, no la política comercial ni la demanda, dicta el ritmo del mercado.

Aquí es donde el panorama muestra sus matices. Por un lado, la magnitud de la caída depende de a quién se le pregunte. Mientras reportes locales hablan de desplomes regionales superiores al 70% en el sur de Sinaloa, la Asociación Mexicana de Empacadores Exportadores de Mango (EMEX) pide cautela: su directora ejecutiva, Myrna Castro, reconoce que “aún estamos evaluando el daño… unos dicen que es 30%, otros que 60%”, y subraya que hace falta revisar los datos con más rigor antes de hablar de catástrofe generalizada.

A nivel nacional, el golpe es real pero menos dramático: hasta el 30 de junio, México había embarcado 45 millones de cajas, una caída de poco más del 12% frente al mismo periodo del año anterior, y el volumen en peso bajó cerca de 10%. El Mango Crop Report de la National Mango Board proyecta que los envíos totales de México, Guatemala y República Dominicana cerrarán la ventana de finales de junio a mediados de julio con una caída cercana al 27% interanual, y que la temporada mexicana completa terminará alrededor de 14% por debajo del año pasado.

Splendid by Porvenir, comercializadora con fuerte presencia en el norte de Sinaloa, calcula que México exportará este año unos 86.1 millones de cajas, frente a los 102.9 millones del ciclo anterior, una contracción de 16%.

Lo que sí es indiscutible es el efecto en el precio. La menor oferta ya disparó las cotizaciones: en el mercado interno, el mango se ha llegado a pagar hasta 15 pesos por kilo, con precios de campo casi triplicados, y en Estados Unidos los datos del USDA muestran un incremento de 63% en los precios de la semana 26 frente al mismo periodo de 2025.

El presidente de la National Mango Board, Ramón Ojeda, estima que el consumidor final en Estados Unidos podría ver incrementos de entre 50 centavos y un dólar por kilo, un ajuste que considera fuerte pero no lo suficiente como para alejar a los compradores del fruto.

Aquí aparece la primera cara amable de la crisis: el secretario de Agricultura de Sinaloa, Ismael Bello Esquivel, ha sido claro en que la prioridad del gobierno estatal es “defender el precio en el que se va a vender el mango”, una estrategia que busca que la menor producción se traduzca, al menos parcialmente, en mejores ingresos para quienes sí lograron cosechar.

Pero el precio más alto no es una bendición automática para todos. Los productores consolidados y con compromisos de largo plazo, según explica Daniel Ibarra de Splendid by Porvenir, están priorizando cumplir sus programas con cadenas minoristas y de foodservice antes que aprovechar oportunidades en el mercado spot, lo que significa que buena parte de la ganancia por el alza de precios no llega directamente a quien produce, sino que se reparte entre la cadena comercial.

Además, la reconfiguración del mercado tiene un componente estructural que va más allá del clima: EMEX reporta una cadena exportadora en contracción, con 8% menos huertos activos, 7% menos productores, 4% menos empacadoras y casi 20% menos distribuidores en Estados Unidos, lo que sugiere que parte de la vulnerabilidad actual del sector no nació este año, sino que se venía gestando.

El hueco que deja Sinaloa también abre una ventana de oportunidad, aunque no exenta de riesgos, para otros estados productores. Guerrero, Nayarit y Chiapas podrían ganar cuota de mercado en la medida en que los compradores busquen suplir el volumen faltante, y el propio reacomodo geográfico ya se observa dentro de Sinaloa, donde la producción se traslada hacia el norte y hacia la zona libre de mosca de la fruta de Los Mochis, que incluso arrancará antes de lo normal tras una ola de calor que aceleró la maduración.

Sin embargo, Nayarit ya sufrió su propio golpe de floración este ciclo, y el crecimiento de cualquier región alternativa toma tiempo, infraestructura y relaciones comerciales que no se construyen de un año para otro. Tampoco el volumen de otros orígenes internacionales, como Brasil, Ecuador o República Dominicana, alcanza para compensar lo que México deja de aportar en esta ventana del calendario, de acuerdo con la lectura de la propia industria exportadora.

La demanda, por ahora, parece resistir el embate de los precios. Aunque el movimiento en volumen de mayo cayó 15% interanual en el canal minorista estadounidense, y las promociones podrían ser más limitadas esta temporada, ejecutivos como Galen Johnson, de Mission Produce, insisten en que el consumo de mango en Estados Unidos ha crecido de forma sostenida y que el fruto se ha convertido en un básico de la canasta de compra, no en un capricho ocasional.

Ese optimismo convive con la incertidumbre de los productores sinaloenses que todavía esperan una definición sobre el apoyo económico estatal. La temporada de mango 2026 deja así una lección para el agro mexicano: el clima puede reescribir en semanas un mapa productivo que tardó años en consolidarse, y la respuesta del mercado (más precio, menos volumen, reacomodo de orígenes) rara vez beneficia por igual a todos los eslabones de la cadena.

Fuentes consultadas:

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

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