El campo mexicano enfrenta una tensión que rara vez se presenta claramente: Para seguir vendiendo fruta premium al mundo, primero se tiene que pagar un precio cada vez más alto en agua, tecnología y cumplimiento social.
Las berries (fresa, zarzamora, frambuesa y arándano) se han convertido en el segundo cultivo más rentable del país, solo detrás del aguacate, con exportaciones que en los primeros nueve meses de 2025 sumaron 441 mil toneladas por un valor cercano a 2,440 millones de dólares, según cifras del SIAP y Banco de México. Pero ese éxito no es gratuito ni automático, pues cada tonelada que cruza la frontera lleva detrás una factura de inversión en riego tecnificado, formalización laboral y sostenibilidad que el consumidor rara vez ve en la etiqueta.
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Ahí está el problema central. El modelo que hizo exitosas a las berries mexicanas es también el que las hace vulnerables. Un sistema de riego altamente tecnificado puede costar hasta 14 mil dólares por hectárea, en un país donde apenas el 2% de los cultivos está plenamente tecnificado y donde persisten pérdidas de agua del orden del 50% en la agricultura de riego tradicional, según el Programa Nacional Hídrico. Michoacán y Jalisco, las dos entidades que concentran la mayor parte de la producción de berries, son también zonas con estrés hídrico recurrente. La paradoja es evidente, los cultivos más rentables del campo mexicano depende de un recurso cada vez más escaso y cada vez más costoso de gestionar bien.
Visto desde un lado de la moneda, esta presión ha empujado al sector hacia una modernización que otros cultivos tradicionales todavía ni siquiera vislumbran. La mayoría de las berries en regiones como la Ciénega de Jalisco ya utiliza riego por goteo y tecnologías de precisión que reducen significativamente el consumo de agua sin sacrificar productividad, además de programas de recarga hídrica, reforestación y corredores biológicos, según reportó UDGTV.
Esa eficiencia se traduce en números. Un estudio de la Universidad Autónoma Chapingo, ubica al arándano con la mejor relación beneficio-costo del campo mexicano, 2.82 pesos de ganancia por cada peso invertido, frente a apenas 1.2 del maíz y 1.5 de la caña de azúcar. La inversión en tecnología, lejos de ser solo un gasto reactivo, es lo que permite que las berries mexicanas dominen anaqueles premium en Norteamérica y se asocien a salud, frescura y sostenibilidad.
El otro lado de la moneda es menos favorable. La misma sofisticación que abre mercados exigentes también eleva la barrera de entrada y concentra los beneficios en quienes pueden costear la modernización. Mientras la industria presume que regiones como Jocotepec, Jacona o Zamora tienen más del doble de formalidad laboral que el promedio industrial del país, la realidad en el campo sigue marcada por escasez de mano de obra, salarios que dependen de la migración interna desde Guerrero, Oaxaca y Chiapas, e incluso exploración de contratación de trabajadores centroamericanos.
La Asociación Nacional de Exportadores de Berries reconoce que el sector genera entre 500 mil y 600 mil empleos, con salarios de tres a cuatro veces el mínimo, pero también admite que la volatilidad cambiaria, el costo de insumos y la falta de trabajadores redujeron las exportaciones hasta 17% entre 2022 y 2024, de acuerdo con datos difundidos por Blueberries Consulting.
Pero no todo es una historia lineal de crecimiento, ya que 2024 y 2025 fueron años de ajuste, con caídas de producción en arándano y fresa que obligaron a reestructurar superficies cultivadas en Sinaloa y Jalisco.
Esta complejidad es justamente lo que hace interesante al sector. No es un relato de éxito sin matices ni una historia de explotación sin contrapesos. Es un negocio donde la presión por cumplir estándares ambientales y laborales cada vez más estrictos (exigidos por cadenas minoristas de Estados Unidos, su comprador del 90% de la producción) convive con la necesidad de mantener costos competitivos frente a jugadores globales como Perú, Chile o Marruecos. El mercado castiga tanto la falta de inversión como el exceso de costos; ahí está el equilibrio que cada productor debe encontrar.
Lo que emerge con claridad es que las berries mexicanas ya no compiten solo por sabor o precio, sino por una propuesta de valor integral. Estados Unidos, Canadá y mercados emergentes en Medio Oriente y Asia (donde Aneberries ha impulsado activamente la diversificación hacia países como Emiratos Árabes Unidos y Corea del Sur) exigen trazabilidad, uso responsable del agua y condiciones laborales dignas como condición de entrada, no como extra opcional.
El propio sector lo reconoce, pues esta es una forma de agricultura que entendió, antes que muchas otras, que el acceso a mercados premium se gana con inversión sostenida, no solo con clima favorable o mano de obra barata.
El futuro del sector dependerá de si logra sostener ese doble compromiso: Seguir siendo rentable mientras absorbe costos crecientes de agua, tecnología y cumplimiento social, sin trasladar toda esa presión a los trabajadores del campo ni a los pequeños productores que no pueden costear la tecnificación.
Las berries mexicanas no solo venden fruta fresca; venden la promesa de que se puede producir de forma moderna, eficiente y responsable. Cumplir esa promesa, año tras año, con sequías, tipo de cambio volátil y exigencias internacionales cada vez mayores, es el verdadero reto que define si México conserva o pierde su liderazgo global en este cultivo.
Fuentes consultadas:
- México exportó 441 mil toneladas de berries y consolida su liderazgo en rentabilidad agrícola
- Campo mexicano: Dos por ciento de cultivos tecnificados
- Jocotepec y la región Ciénega protagonistas del crecimiento de la industria mexicana de las berries
- Desafíos laborales en la producción de berries en Michoacán, México
- Producción y las exportaciones de berries mexicanas se reducen en volumen
- México apuesta por consolidarse como potencia mundial en berries
- Las berries mexicanas: el fruto de una revolución silenciosa
- Programa Nacional Hídrico 2020-2024


