Plagas y enfermedades del cultivo de zapote

Artículo - Plagas y enfermedades del cultivo de zapote

El zapote, en sus diversas especies cultivadas en Mesoamérica y el Caribe, encarna una paradoja agrícola: es un frutal rústico en apariencia, pero vulnerable en sus puntos más delicados. La corteza gruesa y el follaje denso sugieren resistencia, mientras que el sistema fisiológico que sostiene sus frutos azucarados abre una puerta compleja a plagas y enfermedades especializadas. Entender esa contradicción no es solo un ejercicio académico; es la clave para sostener sistemas productivos que dependen de un árbol lento en crecer, pero rápido en perderse cuando se rompe su equilibrio sanitario.

Esa vulnerabilidad comienza en la interacción más íntima entre el árbol y sus insectos fitófagos. Entre los enemigos más persistentes destacan los psílidos y las cochinillas, diminutos pero devastadores, que se alimentan de floema y xilema, desviando nutrientes y alterando el balance hormonal. En zapotes como Pouteria sapota y Manilkara zapota, la succión continua de savia provoca amarillamiento, deformación de hojas jóvenes y, en ataques severos, una reducción silenciosa del potencial fotosintético. El daño no es solo directo: las melazas azucaradas que excretan estos insectos sirven de sustrato para el desarrollo de fumagina, un hongo oscuro que cubre las hojas como hollín y reduce aún más la captación de luz.

Ese manto negro sobre el follaje ilustra el carácter sistémico de los problemas fitosanitarios. Lo que comienza como un insecto clavando su estilete en el floema termina en una red de procesos que involucran hongos oportunistas, estrés fisiológico y desequilibrios en la microbiota de la superficie foliar. La fumagina, causada por géneros como Capnodium, no penetra profundamente en los tejidos, pero su impacto funcional es notable: disminuye la transpiración regulada, altera la temperatura foliar y modifica la dinámica de intercambio gaseoso. Un árbol de zapote parcialmente cubierto por fumagina es un árbol que respira con dificultad, justo cuando más necesita energía para sostener la formación de frutos ricos en azúcares.

En paralelo, otros insectos atacan el zapote desde una dimensión distinta: la del fruto en desarrollo. Las moscas de la fruta del género Anastrepha encuentran en la pulpa dulce un nicho perfecto para la oviposición. Las larvas, al alimentarse del tejido interno, disparan procesos de descomposición que transforman una estructura ordenada de células parenquimáticas en un sustrato blando y maloliente, colonizado rápidamente por bacterias y hongos secundarios. Lo que a simple vista parece una mancha en la cáscara es, en realidad, la manifestación externa de una ruptura profunda en la integridad del fruto. La pérdida económica no se limita a los frutos dañados: la presencia de estas plagas restringe el acceso a mercados por exigencias de cuarentena fitosanitaria, condicionando toda la cadena de valor.

Más abajo, en la interfaz entre el árbol y el suelo, se despliega otro frente silencioso: las plagas del sistema radicular. Nematodos fitoparásitos como Meloidogyne inducen agallas en las raíces finas, interfiriendo con la absorción de agua y nutrientes. En condiciones de sequía o suelos compactados, este daño se amplifica, porque el árbol depende aún más de una raíz funcional para sostener la turgencia de sus tejidos. El resultado visible es un decaimiento general, hojas pequeñas, entrenudos cortos y una floración errática. El productor suele atribuirlo a “agotamiento del suelo”, cuando en realidad se trata de una interacción compleja entre estrés abiótico y presión de nematodos.

Este escenario subterráneo favorece también a hongos de suelo como Phytophthora y Pythium, agentes de pudriciones radiculares y del cuello. En suelos mal drenados, con saturación frecuente, las zoosporas de estos patógenos se desplazan con facilidad hacia los tejidos jóvenes de la raíz, penetran por zonas de crecimiento activo y desencadenan necrosis progresiva. El zapote, con su tronco robusto, puede parecer sano durante meses mientras sus raíces se desintegran. Cuando la parte aérea comienza a mostrar marchitez súbita, el proceso subterráneo ya es avanzado, y la capacidad de recuperación, limitada. La fitopatología del zapote obliga a mirar más allá de la copa y a entender el suelo como un ecosistema dinámico donde la salud y la enfermedad coexisten en tensión permanente.

En la copa, otro grupo de patógenos opera con una lógica diferente: los hongos foliares que causan manchas, necrosis y defoliaciones prematuras. Géneros como Colletotrichum y Cercospora encuentran en el microclima de las copas densas de zapote —sombra interna, alta humedad relativa, escasa renovación de aire— un entorno ideal. Las lesiones inicialmente pequeñas, de color pardo o grisáceo, se expanden y coalescen, comprometiendo grandes áreas de tejido fotosintético. La planta responde con la abscisión de hojas dañadas para limitar la propagación, pero paga un precio en términos de pérdida de área foliar y reducción de reservas. En cultivos perennes de larga vida, esta pérdida crónica de hojas acelera el envejecimiento funcional del árbol.

La interacción entre estas enfermedades foliares y el manejo agronómico es particularmente reveladora. Podas mal planificadas que generan heridas grandes y mal cicatrizadas se convierten en puertas de entrada para patógenos de la madera, como especies de Lasiodiplodia o Fusarium, capaces de colonizar el xilema y provocar cancros, rajaduras y muerte regresiva de ramas. En sistemas tradicionales, donde el zapote se considera “árbol fuerte” y rara vez se interviene con criterios técnicos, estas enfermedades pasan desapercibidas hasta que la estructura de la copa se vuelve asimétrica, con ramas secas que reducen la capacidad productiva y elevan el riesgo de caída por vientos fuertes. La sanidad del tronco y la copa no es un atributo estático, sino el resultado acumulativo de decisiones de manejo.

Ante este mosaico de amenazas, las respuestas basadas exclusivamente en plaguicidas han demostrado ser insuficientes y, en muchos casos, contraproducentes. El uso repetido de insecticidas de amplio espectro para controlar moscas de la fruta o cochinillas puede eliminar también enemigos naturales clave: avispas parasitoides, crisópidos, mariquitas y hongos entomopatógenos. La consecuencia es una simplificación de la comunidad biológica del agroecosistema, que favorece a las especies más resistentes y adaptables. El zapote se convierte entonces en un escenario de “resistencia inducida” no por mecanismos fisiológicos de defensa, sino por selección de poblaciones de plagas más tolerantes a los químicos.

La gestión integrada de plagas y enfermedades emerge como una necesidad más que como una opción ideológica. En el caso del zapote, esto implica combinar monitoreo sistemático, umbrales de acción bien definidos, liberación y conservación de agentes de control biológico, prácticas culturales que mejoren la aireación y el drenaje, y un uso estratégico de productos fitosanitarios con modos de acción específicos. El manejo de la mosca de la fruta mediante trampas con atrayentes alimenticios y feromonas, por ejemplo, reduce la población adulta sin afectar la fauna benéfica. La introducción de hongos entomopatógenos como Beauveria bassiana o Metarhizium anisopliae ayuda a mantener a raya a cochinillas y otros insectos chupadores en un marco ecológicamente más estable.

Las decisiones sobre material genético también desempeñan un papel crucial. Aunque la diversidad intraespecífica del zapote ha sido menos estudiada que la de otros frutales, se han observado diferencias notables en susceptibilidad a pudriciones de raíz, intensidad de ataque de psílidos y tolerancia a estrés hídrico. La selección participativa de variedades locales, combinada con evaluaciones sanitarias rigurosas, puede conducir a sistemas de producción más resilientes sin depender exclusivamente de la ingeniería genética. En paralelo, el uso de patrones más tolerantes a patógenos de suelo, mediante injertos bien ejecutados, ofrece una vía adicional para reducir pérdidas por enfermedades radiculares.

Todo esto remite a una idea central: el cultivo de zapote no puede entenderse como un conjunto aislado de árboles, sino como un agroecosistema complejo donde la biodiversidad funcional es el mejor seguro contra las crisis sanitarias. La presencia de árboles acompañantes, coberturas vegetales vivas, flores que sostienen poblaciones de polinizadores y enemigos naturales, y una microbiota de suelo activa y diversa, disminuye la probabilidad de brotes explosivos de plagas y enfermedades. El árbol de zapote, insertado en un paisaje agrícola diverso, se beneficia de una red de interacciones que amortiguan las perturbaciones y permiten que su lenta fisiología perenne despliegue todo su potencial productivo.

  • Aluja, M., & Mangan, R. L. (2008). Fruit fly (Diptera: Tephritidae) host status determination: critical conceptual, methodological, and regulatory considerations. Annual Review of Entomology, 53, 473–502.
  • Castañeda-Vildózola, Á., Valdez-Carrasco, J. M., & Equihua-Martínez, A. (2010). Plagas y su manejo en frutales tropicales. Revista Chapingo Serie Horticultura, 16(3), 203–214.
  • López, A., & Hernández, J. (2015). Enfermedades de frutales tropicales: diagnóstico y manejo integrado. Revista Mexicana de Fitopatología, 33(2), 145–162.
  • Ploetz, R. C. (2003). Diseases of tropical fruit crops. CAB International.
  • Quesada, T., & Rodríguez, F. (2012). Manejo integrado de plagas en frutales perennes. Agronomía Mesoamericana, 23(1), 89–104.
  • Salazar-García, S., & Cortés-Flores, J. I. (2013). Manejo agronómico y fitosanitario de frutales tropicales en Mesoamérica. Agrociencia, 47(4), 321–334.
  • Sánchez, J., & Rodríguez, M. (2018). Nematodos fitoparásitos en frutales tropicales: impacto y estrategias de manejo. Nematropica, 48(1), 15–27.
  • Serrato, M. S., & Gutiérrez, A. (2019). Hongos de suelo asociados a pudriciones radiculares en frutales tropicales. Fitopatología Colombiana, 43(2), 101–112.
  • Villanueva, R., & Díaz, E. (2016). Manejo de moscas de la fruta en sistemas frutícolas tropicales. Revista Colombiana de Entomología, 42(1), 55–64.
  • Zamora, P., & Martínez, L. (2020). Sanidad del zapote y otros sapotáceos en sistemas agroforestales de Mesoamérica. Agroforestería en las Américas, 58, 27–39.

Escucha el podcast en YouTube, Spotify, Apple y Amazon