La industrialización del cultivo de mamey (Pouteria sapota) se ha convertido en un laboratorio vivo donde convergen fisiología vegetal, ingeniería de procesos y economía agroalimentaria, la transición desde sistemas tradicionales de huertos mixtos hacia esquemas intensivos y tecnificados está redefiniendo no solo la oferta de fruta fresca, sino también una gama creciente de productos y subproductos industriales que compiten en mercados globales. Comprender esta transición exige observar simultáneamente el árbol, la planta de proceso y la cadena de valor completa, porque las decisiones que se toman en el diseño del huerto condicionan la calidad del puré congelado, la estabilidad de un helado o la rentabilidad de un aceite cosmético.
Base agronómica y diseño de plantaciones industriales
La industrialización comienza en el campo, con la homogeneización genética y la estandarización de la calidad, el reemplazo de materiales heterogéneos por selecciones clonales de alto rendimiento, mediante injertación sobre patrones vigorosos y tolerantes a estrés hídrico, ha permitido reducir la variabilidad en tamaño de fruto, contenido de sólidos solubles y firmeza de pulpa, parámetros decisivos para la industria de transformación. La propagación clonal por injerto de púa o de parche, apoyada en viveros tecnificados con sustratos estandarizados y fertirriego controlado, es hoy el punto de partida de cualquier proyecto de mamey con vocación industrial.
El diseño del huerto responde a una lógica distinta a la del mercado en fresco, en plantaciones orientadas a industria se prioriza la productividad por hectárea, la facilidad de cosecha mecanizable o semi-mecanizable y la sincronización de la maduración, por ello se imponen marcos de plantación más densos, con arreglos de 200 a 400 árboles por hectárea, acompañados de poda de formación y poda de regulación de copa que facilitan la penetración de luz, reducen la alternancia productiva y permiten el acceso a la fruta con plataformas o equipos hidráulicos. La integración de sistemas de riego presurizado (goteo y microaspersión) y fertirrigación basada en monitoreo de soluciones del suelo y análisis foliar, ha permitido estabilizar los rendimientos y, sobre todo, modular la fenología para acercar picos de producción a las ventanas de mayor capacidad de procesamiento industrial.
La intensificación, sin embargo, incrementa la vulnerabilidad fitosanitaria, por lo que la transición hacia esquemas de manejo integrado de plagas y enfermedades (MIPE) resulta ineludible, la vigilancia de moscas de la fruta (Anastrepha spp.), barrenadores de fruto y patógenos poscosecha se articula con trampas cebadas, liberación de enemigos naturales y aplicaciones dirigidas de bioinsumos, minimizando residuos en pulpa destinados a alimentos infantiles o ingredientes nutracéuticos. Este enfoque se complementa con la selección de portainjertos con mayor eficiencia en uso de agua y nutrientes, lo que reduce costos de fertilización y huella ambiental, aspectos cada vez más valorados en certificaciones de comercio internacional.
Cosecha, poscosecha y transformación industrial
La industrialización exige un control riguroso del índice de cosecha, porque la calidad tecnológica de la pulpa depende del punto fisiológico en el que se corta el fruto, se utilizan combinaciones de color de cáscara, firmeza instrumental y contenido de almidón para determinar el momento óptimo, evitando tanto la inmadurez, que compromete el desarrollo de color y sabor durante la maduración, como la sobremadurez, que dispara la actividad enzimática y la degradación de textura. En sistemas avanzados, se han implementado sensores no destructivos basados en espectroscopía de infrarrojo cercano (NIR) para clasificar frutos en línea, ajustando flujos hacia mercado fresco o industria según sus atributos.
Una vez cosechado, el mamey enfrenta un reto crítico: su elevada actividad respiratoria y su pulpa rica en azúcares lo hacen extremadamente susceptible a pardeamiento enzimático y deterioro microbiano, por lo que la logística poscosecha se diseña para reducir el tiempo entre campo y planta de proceso, empleando preenfriado con aire forzado y almacenamiento temporal en cámaras a temperaturas controladas, típicamente en el rango de 10-13 °C, que retardan la maduración sin inducir daños por frío. La clasificación mecanizada por tamaño y la inspección visual asistida por cámaras permiten separar frutos con defectos mecánicos o fisiológicos, que se desvían a líneas de subproductos de menor valor.
En el núcleo de la industrialización se encuentran las líneas de transformación primaria, donde el fruto se somete a operaciones estandarizadas de lavado, desinfección, pelado, deshuesado y obtención de pulpa, el pelado mecánico, aún desafiante por la variabilidad de forma y textura de la cáscara, se combina con pelado manual asistido en muchas plantas, mientras se desarrollan equipos de corte guiados por visión artificial. La pulpa se homogeniza en trituradores-coloidales, se somete a desaireación para reducir la oxidación y se ajusta el pH si es necesario, antes de su estabilización mediante pasteurización o tratamientos térmicos de alta temperatura y corto tiempo (HTST), con el fin de conservar color, sabor y valor nutricional.
De esta pulpa estabilizada emergen múltiples productos industriales, el más extendido es el puré de mamey congelado, envasado en bloques o bolsas asépticas para uso en heladería, panificación, bebidas y formulaciones lácteas, sin embargo, la diversificación ha impulsado la producción de concentrados mediante evaporadores de película descendente, que reducen el volumen de transporte y permiten formulaciones de néctares y mezclas multafruta. La incorporación de tecnologías de secado por atomización (spray drying) y liofilización ha abierto el camino a polvos de mamey usados como saborizante natural en la industria de alimentos funcionales, barras energéticas y suplementos, donde la estabilidad y la facilidad de manejo compensan el costo energético del proceso.
Paralelamente, la industria de helados y postres congelados ha convertido al mamey en un ingrediente estratégico, su pulpa rica en carotenoides, azúcares y compuestos volátiles confiere color, cuerpo y aroma característicos, integrándose en formulaciones que combinan sólidos lácteos, grasas vegetales y estabilizantes como goma guar y carboximetilcelulosa, la estandarización de la materia prima, con especificaciones de °Brix, acidez y viscosidad, es imprescindible para garantizar reproducibilidad sensorial y comportamiento reológico en la planta de helados.
Valorización de subproductos y economía circular
La verdadera industrialización del mamey se consolida cuando la fruta se concibe como un conjunto de fracciones aprovechables y no solo como pulpa, la semilla, tradicionalmente desechada, contiene un porcentaje significativo de aceite con perfil lipídico interesante para la industria cosmética, rico en ácidos grasos insaturados y compuestos bioactivos, su extracción mediante prensado en frío o procesos de extracción con solventes controlados permite obtener un aceite utilizado en cremas, champús y productos dermocosméticos, donde se valora su capacidad emoliente y su narrativa de origen tropical. El remanente sólido de la semilla, una vez desgrasado, se puede procesar como harina proteica para alimentación animal, siempre que se gestionen adecuadamente los posibles compuestos antinutricionales mediante tratamientos térmicos o fermentativos.
La cáscara y los residuos de pulpa, generados en grandes volúmenes en las plantas de proceso, se integran progresivamente en esquemas de biorrefinería agroindustrial, su alto contenido de fibra y compuestos fenólicos los hace aptos para la producción de compost de alta calidad, mejoradores de suelo y sustratos para viveros, cuando se someten a compostaje controlado con monitoreo de temperatura, humedad y relación C/N, sin embargo, la frontera tecnológica se desplaza hacia procesos de digestión anaerobia para generación de biogás, que puede alimentar calderas o producir electricidad para autoconsumo en la planta, cerrando ciclos energéticos y reduciendo la dependencia de combustibles fósiles.
La valorización de subproductos también se extiende al ámbito de ingredientes de alto valor agregado, los extractos ricos en antioxidantes obtenidos de cáscaras y fracciones de pulpa descartadas se concentran mediante extracción con fluidos supercríticos o tecnologías de extracción asistida por ultrasonido, generando ingredientes para la industria de alimentos funcionales y cosmética natural, esta estrategia no solo incrementa la rentabilidad global del sistema, sino que responde a la presión regulatoria y social para reducir residuos orgánicos en vertederos y emisiones asociadas.
En paralelo, la consolidación de cadenas de suministro integradas entre productores, plantas de proceso y empresas de alimentos ha impulsado la adopción de sistemas de trazabilidad digital, desde la parcela hasta el lote de puré o aceite, mediante plataformas basadas en códigos QR, bases de datos centralizadas o incluso tecnologías de blockchain en proyectos piloto, esta trazabilidad, unida a certificaciones como Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) y esquemas de HACCP, se ha convertido en un requisito de acceso a mercados que demandan garantías de inocuidad, sostenibilidad y responsabilidad social.
La industrialización del mamey, entendida como un proceso dinámico, se ve ahora influida por herramientas de agricultura de precisión y modelización agroclimática, el uso de sensores remotos, imágenes satelitales y drones permite monitorear vigor, estrés hídrico y estado nutricional de los huertos, mientras que modelos de simulación de crecimiento y producción ayudan a proyectar volúmenes de fruta disponibles para la industria, ajustando calendarios de cosecha y capacidad de planta. La integración de estas tecnologías, junto con la investigación en mejoramiento genético orientado a calidad industrial, resistencia a enfermedades y adaptación a escenarios de cambio climático, está definiendo el futuro de un cultivo que, más allá de su origen mesoamericano, se reposiciona como materia prima estratégica en una bioeconomía que busca diversificación, resiliencia y aprovechamiento integral de los recursos.
- Morton, J. (1987). Sapote. In Fruits of warm climates (pp. 393–398). Creative Resource Systems.
- FAO. (2019). The state of the world’s biodiversity for food and agriculture. FAO.
- Hernández, M., & Salazar, R. (2015). Manejo agronómico del mamey sapote (Pouteria sapota) en sistemas intensivos. Revista Chapingo Serie Horticultura, 21(3), 201–214.
- Kader, A. A. (2002). Postharvest technology of horticultural crops (3rd ed.). University of California Agriculture and Natural Resources.
- Espinosa, A., & López, G. (2018). Desarrollo de productos procesados a base de mamey: purés, néctares y polvos. Revista Mexicana de Ingeniería Química, 17(2), 451–465.
- Ramírez, J., & Paredes, D. (2020). Aprovechamiento integral de subproductos del mamey sapote en esquemas de biorrefinería. Journal of Applied Research on Medicinal and Aromatic Plants, 19, 100270.
- Singh, R. P., & Heldman, D. R. (2014). Introduction to food engineering (5th ed.). Academic Press.
- Sagar, V. R., & Kumar, P. S. (2010). Recent advances in drying and dehydration of fruits and vegetables: A review. Journal of Food Science and Technology, 47(1), 15–26.
- Gutiérrez, M. P., & Rodríguez, L. (2017). Caracterización fisicoquímica y funcional del aceite de semilla de mamey (Pouteria sapota). Grasas y Aceites, 68(3), e210.
- Godfray, H. C. J., & Garnett, T. (2014). Food security and sustainable intensification. Philosophical Transactions of the Royal Society B, 369(1639), 20120273.

